Abandonar en un entrenamiento de calidad: no siempre es mala idea

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Los corredores somos muy cabezones y persistentes. En ningún momento se nos pasaría por la cabeza pensar que abandonar en un entrenamiento de calidad tiene beneficios. Lo cierto es que en alguna ocasión lo perjudicial es continuar con las series o los cambios de ritmo.

Abandonar en un entrenamiento de calidad no tiene nada de malo y no es motivo de vergüenza. Aunque es cierto que un abandono en este tipo de entrenamiento deja un mal sabor de boca, hay que aprender a leer entre líneas y escuchar lo que el cuerpo dice en cada momento.

¿Por qué abandonar en un entrenamiento de calidad puede ser lo mejor?

Dos días después de haber competido en una carrera popular de casi 7 kilómetros, la Unirun 2018, me tocaba verme las caras con la pista de atletismo, calzarme unas zapatillas voladoras y correr todo lo rápido que fuera necesario.

Dos días de descanso después de una carrera competición donde has ido al máximo da para bien poco, y aunque estoy acostumbrado a que los entrenamientos de calidad posteriores a ésta sean más ligeros, nunca me había pasado de tener que abandonar en un entrenamiento de calidad.

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El martes estaba planificados 5000 metros en cambios de ritmo por distancia. La idea era dar 12 vueltas y media a la pista haciendo cambios en pirámide. Primero los cambios eran más cortos y se iba aumentando la distancia poco a poco, para después volver a reducir la distancia de los cambios.

Pero por muy bien planificado que esté el entrenamiento por parte del entrenador, si el cuerpo no responde no se puede hacer nada.

Durante las rectas previas a los cambios de ritmo noté que algo no funcionaba. Tenía los isquiotibiales muy cansado y los adductores se encontraban muy sobrecargados. En las rectas en progresión no me acaba de encontrar cómodo y me costaba una barbaridad mantener un buen ritmo.

A pesar de ello no pasó por mi cabeza en ningún momento abandonar el entrenamiento.

Las primeras vueltas en los cambios de ritmo fueron cómodas, aunque mis piernas se quejaban levemente. Poco a poco, y a medida que se incrementaba el ritmo, comencé a notar molestias en los adductores y una gran fatiga en los cuadríceps. No me habría preocupado si sólo hubiera sido esto. Pero lo que de verdad me hizo preocuparme fue la incapacidad por mi parte de mantener el ritmo.

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Cada vuelta me costaba más mantenerme al mismo ritmo y empezaba a modificar mi técnica con el afán de conseguir avanzar. Cuando llevaba 3000 metros decidí ponerme a un lado y abandonar.

El primer pensamiento fue: ¿por qué he parado si seguro que hubiera podido terminar el entrenamiento?

Claro que lo podría terminar, pero en vez de haber hecho 3000 metros en 11:13 (3:44 cada kilometro) habría corrido 5000 metros en 20 minutos o más. Habría estado forzando un cuerpo fatigado por la competición y adoptando una mala postura durante el resto del entrenamiento.

Igual que hay días en que las carreras no salen, pasa exactamente lo mismo con los entrenamientos. Abandonar en un entrenamiento de calidad cuando el cuerpo no responde es lo más sabio que se puede hacer.

Es mejor 3000 metros con buenas sensaciones y bien hecho, que intentar hacer si o si lo estipulado en el plan aunque con ello consiga hacerme daño o perjudicar mi recuperación.

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Sobre Jesus Aguilar Lopez 1129 Artículos
Corredor por vocación y redactor por convicción. Correr me permite fluir y conseguir mis objetivos vitales, mientras que escribir en este blog llena mi alma inquieta de preguntas. Me siento afortunado por poder plasmar con letras y compartir con el mundo todo lo mágico que tiene la carrera a pie.

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