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Síndrome Piriforme: ¡todo lo que tienes que saber!

Tabla de contenidos

El síndrome piriforme es una afección que perjudica a muchas personas en todo el mundo, pero que a menudo pasa inadvertida o se confunde con otros problemas. Se trata de una causa común de dolor en la parte baja de la espalda y las nalgas, como así también en la pierna, donde no impacta de lleno, pero sí molesta. 

Si bien el síndrome piriforme no es tan frecuente y hasta parece algo menor en ciertos casos, te mostramos por qué surge o a qué se debe, qué hacer, cómo prevenirlo y más. ¡Sigue leyendo hasta el final!

¿Qué es el síndrome piriforme?

El síndrome piriforme refiere concretamente a la irritación o compresión del nervio ciático debido a la contractura o espasmo del músculo piriforme. Este músculo se halla en la zona profunda de las nalgas, cerca del nervio ciático, que es el nervio más largo del cuerpo humano. Cuando se inflama o se tensa, puede comprimir el nervio ciático, lo que deviene justamente en dolor y molestias.

Estas últimas no resultan tan significativas e incluso limitantes, razón por la que muchas personas le restan importancia. Sin embargo, cuando los dolores se hacen cada vez más intensos sí despierta la preocupación.

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¿Por qué surge el síndrome piriforme?

Las causas exactas del síndrome piriforme pueden variar, pero algunas de las más comunes son las siguientes:

  • Lesiones o traumatismos: un fuerte golpe en la zona de las nalgas o la cadera tiene probabilidades de desencadenar el síndrome piriforme. Sucede tras una caída o mal movimiento
  • Sobrecarga muscular: el sobreuso o la tensión excesiva del músculo piriforme debido a actividades físicas repetitivas, como correr o andar en bicicleta, pueden provocar su inflamación
  • Anomalías anatómicas: algunas personas padecen una anatomía que predispone a este síndrome, como una posición anormal del músculo piriforme o el nervio ciático
  • Espasmos musculares: cuando tienen lugar en la pelvis o alrededores comprimen el nervio ciático y desencadena dicha afección

¿Con qué frecuencia ocurre y qué hacer?

El síndrome piriforme es más común de lo que se piensa. Aunque las estadísticas exactas varían, se estima que afecta a aproximadamente el 6% de la población en algún momento de sus vidas. Asimismo, es más frecuente en quienes tienen entre 40 y 60 años que en los más jóvenes. Al mismo tiempo, tiende a afectar más al público femenino que al masculino.

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Prevención y tratamiento

La prevención del síndrome piriforme se centra en mantener una buena salud muscular y postural. Aquí hay algunos consejos para prevenirlo:

  • Ejercicio regular: fortalece los músculos de la espalda, nalgas y piernas para reducir el riesgo de la sobrecarga y todo lo que esta implica
  • Estiramiento: realiza estiramientos regulares para mantener la flexibilidad de los músculos de la pelvis y nalgas
  • Técnica adecuada: asegúrate de usar una técnica correcta al realizar actividades físicas, como correr o levantar objetos pesados, entre otras
  • Descanso adecuado: no te apresures en la recuperación post-actividad, sobre todo si esta ha sido muy intensa

Por otra parte, si ya requieres de un tratamiento, dispones de al menos cuatro alternativas según la gravedad o cómo te esté perjudicando:

  • Fisioterapia: un fisioterapeuta será el más indicado para trabajar contigo para fortalecer y estirar los músculos afectados y hasta mejorar la postura
  • Medicamentos: los analgésicos y antiinflamatorios pueden ayudar a aliviar el dolor y la inflamación, algo clave para poder continuar con la actividad de forma normal
  • Inyecciones: en algunos casos se pueden administrar inyecciones de corticosteroides para reducir la inflamación y aliviar el dolor
  • Cirugía: si es grave y resistente al tratamiento conservador, la cirugía para liberar el nervio ciático comprimido es una opción efectiva
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Otros datos que debes saber

El síndrome piriforme suele ser una fuente significativa de dolor en la parte baja de la espalda y las nalgas, pero con la atención adecuada, la mayoría de las personas encuentra alivio, aunque esto no implique terminar al 100% con el problema. Asimismo, la prevención, mediante el fortalecimiento muscular y el mantenimiento de una buena postura, resulta imprescindible.

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