El dopaje tecnológico se hace un hueco en el atletismo

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En el año 2008 se produjo una gran innovación en el deporte, la marca de ropa de natación Speedo presentó un bañador de cuerpo entero (el LZR Racer) y aseguró que con este se conseguía una mejora de los tiempos en torno a un 2%.  Meses más tarde, en los JJOO de Pekín, 23 de los 25 récords del mundo en natación fueron batidos, y al final del año fueron 98 las veces que dichos récords fueron batidos. Una palabra empezó a tomar fuerza: el dopaje tecnológico.

El dopaje tecnológico no es algo nuevo, de hecho lleva tiempo instalado en el ciclismo mediante pequeños motores en las bicicletas, pero en el atletismo está aumentando debido a la carrera de las grandes marcas deportivas por bajar de las 2 horas en maratón.

Los antecedentes del dopaje tecnológico en el atletismo

A pesar de ser más famoso el atletismo por sus casos de dopaje por sustancias, el dopaje tecnológico ha existido siempre, y cuando se ha visto la oportunidad de beneficiar a un atleta mediante la aplicación de la tecnología puntera del momento en el plano deportivo, no se ha dejado pasar dicha oportunidad.

Uno de los casos más conocidos de dopaje tecnológico en el atletismo fue el de Yuri Stephanov en 1957, cuando consiguió un salto de 2,16 metros y se hizo con el récord del mundo. El truco de este salto es que sus zapatillas tenían una suela de 5 centímetros que le sirvieron como trampolín a la hora de saltar.

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dopaje tecnologico yuri stepanov

Si bien no estaba prohibidas, fueron uno de los primeros casos de dopaje tecnológico. Tanto revuelo causó que se limitó la suela a 1,2 centímetros para evitar esa ventaja injusta.

En 1968, Tommie Smith ganó los 200 metros en los Juegos de México con unas zapatillas de la marca Puma, que en vez de 6 clavos tenían 68 púas. Por lo visto también le proporcionó una ventaja injusta y con la insistencia de Adidas fueron prohibidas.

El dopaje tecnologico en el atletismo actualmente: el caso Vaporfly Elite

Según ha proclamado Nike, las zapatillas con las que se pretende bajar de las 2 horas en maratón son capaces de reducir hasta en un 4% el gasto energético.

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Hay muchos factores de la zapatillas como el peso de 200 gramos o la aerodinámica que influyen en esa ventaja. Pero lo que marca la diferencia es la mediasuela compuesta de una fina, pero rígida, fibra de carbono que según los investigadores detrás del proceso de creación de las zapatillas es como:

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“Correr con estas zapatillas será como correr cuesta abajo, no se podrá correr despacio”

Esta declaración ha dado pie a que se empiece a dudar si estas zapatillas no son un tipo de dopaje tecnológico. A raíz de ello la IAAF pretende estudiar las zapatillas y valorar si pueden ser consideradas como una ventaja injusta o no.

Es cierto que el avance tecnológico beneficia al deporte, y gracias a él se han conseguido marcas que hace 50 años ni se soñaban, pero todo debe tener un límite.

¿Se puede considerar ventaja injusta unas zapatillas que no son accesibles para todos los competidores?