Carta sincera al corredor lesionado

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A veces las lesiones no te afectan de manera directa, en ocasiones no eres tu la persona que las sufre y es un corredor lesionado el que pelea contra estas.

Por desgracia he estado lesionado, y también he visto como en los mejores momentos compañeros míos caían en las peores lesiones. Ninguna de estas 2 situaciones son sencillas de digerir, pero hay que tener claro que tarde o temprano esta situación acabará y todo volverá a la normalidad.

Mis palabras para el corredor lesionado

Ahora mismo te encuentras en el fondo de un pozo oscuro donde no alcanzas a ver la luz.

Te has lesionado en el peor momento, en el momento en que tu rendimiento estaba despegando y parecía no tener fin. Te encontrabas muy fuerte, tanto que se me cortaba la respiración al intentar seguirte en las series. Increíblemente fuerte, dirían tus rivales de pista si te hubiesen visto.

Pero esta pista la recuerdas lejana, ya no eres el mismo que corría rozando apenas el tartán e impulsándote con fuerza zancada tras zancada. Tu mirada ha cambiado, así como las sensaciones en tu cuerpo.

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Eres un corredor lesionado, un papel que te ha tocado vivir como actor protagonista. No recuerdas como sucedió, simplemente pasó y te tocó vivrlo a ti.

No aguantas un rodaje de 20 minutos sin dolor, no eres capaz de recordar un entrenamiento en el que terminastes sin molestias, pero aún así sigues levantándote cada mañana con la esperanza de que ese será el día en que volverás a correr con las mismas sensaciones.

[Tweet «No, estar lesionado no es fácil, seguro que lo sabes por experiencia…»]

Estas sensaciones no las encuentras, y aunque en determinados momentos os cruzáis por el camino nunca caminas junto a ellas. Cada día que vuelves del trabajo y te calzas las zapatillas el dolor te recuerda que eres un corredor lesionado, alguien que no encuentra salida en el profundo laberinto del dolor.

Te diré que la oscuridad intentará adueñarse de todo, te intentará quebrar día tras día para que abandones, para que digas «está bien, esto no es para mi» y para que al finalizar el día te lamentes de tu mala suerte.

Pero estoy convencido que en tu vida has pasado por momentos peores, situaciones en las que pensabas que te quedarías hundido para siempre pero que finalmente alzaste el vuelo.

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Eres un corredor lesionado, un incomprendido que lleva todo el sufrimiento por dentro, un sufrimiento que se ha enquistado en tu interior

Pero también sabes, o deberías saber, que todo pasa y que tu fuerza de voluntad, la misma que te empujaba a cambiar el ritmo en los últimos 200 metros de la competición a pesar de sentirte sin energía, es la que te mantendrá sin arrodillarte ante el dolor.

No es fácil ver como nosotros, y el resto de corredores, vamos mejorando mientras que tú, en el mejor de los casos, te aferras a mantener la condición física. No puedes casi correr así que ni siquiera hablar de hacer entrenamientos de calidad, te puedes quejar pero nada cambiará: esta historia te ha elegido como papel principal. Un papel que, por suerte, no es eterno.

No es eterno porque antes de lo que imaginas volverás a sentir el aire en tu cara y el ácido láctico inundando por completo tus piernas. Cuando por primera vez en mucho tiempo seas capaz de terminar un entrenamiento y sentirte como meses atrás, una emoción incontrolable subirá por la espalda hasta la nuca.

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Volverás a sentirte completo al 100% y la profunda oscuridad irá desapareciendo hasta dejar pasar unos pequeños rayos de sol, que con el tiempo se convertirán en una inmensa explosión de luz.

Saldrás de la lesión de la misma manera que caíste en ella: sin darte cuenta.

Sin ni siquiera pensarlo te levantarás un buen dia sin ese dolor que te aprisionada y volverás, poco a poco, a recuperar las sensaciones corriendo.

Esto te lo está diciendo alguién que no tiene una bola de cristal pero que se ha encontrado en tu situacion durante casi 2 años. Una situación de la que estoy seguro que acabarás saliendo.